Estamos en la autovía. Ya casi llegamos. Descansaremos algo, y mañana devolvemos el coche por la mañana temprano. Esperamos poder hacer una visita fugaz al Pireo.

Dejamos atrás unos pocos días en Idomeni… Han sido muy intensos. Hemos visto de todo. Pero sobre todo nos llevamos alegrías. Es impresionante cómo a pesar de la desgracia, la gente se mantiene firme, alegre. La gente es muy fuerte, aunque en ocasiones parezca que no se quieren enterar de lo que está pasando. No van a abrir la frontera. Hoy han gaseado otra vez. Eran menos personas, pero desde Fyrom (Macedonia) actúan como si tuvieran delante miles de personas violentas. No hemos estado tan cerca como el domingo, pero lo que hemos visto (y respirado) parecía más desproporcionado todavía de lo habitual.

Nos hemos despedido de muchxs nuevxs amigxs. Algunxs de ellxs son refugiadxs. Una de ellas, nos contaba que lleva tres años fuera de Alepo. Que después estuvo tres meses viajando en bus, barco, coche y a pié hasta llegar hasta Idomeni. Y ahora lleva cuarenta días ahí. Exclama cuán aburrido le parece estar ahí. No hay nada que hacer, excepto esperar. Es el sitio perfecto para volverse loco. Mucha gente tiene media familia en Alemania, o en Siria.

Una niña ayer nos mostró unos dibujos que había hecho (subiremos imágenes). Un dibujo era de las mujeres kurdas. Estaban matando a una gran rata gigante que representaba al Isis. También había hecho un dibujo del campamento; mucho color en las tiendas y bastante oscuridad en la valla. Y el que más nos ha impresionado era un mapa en el que aparecía la ruta desde Siria que habían recorrido. Refleja cómo les han dado palos en todos los sitios por los que han pasado hasta llegar a donde estaban, representado por un lugar cercado por todos lados. Pero con color dentro.

No sabemos si estamos en disposición de sacar conclusiones. Pero esto es insostenible. Lo que Europa está haciendo no tiene nombre. No paramos de hacerles saber lo avergonzadxs que estamxs de lo que están haciendo nuestros estados. También hemos encontrado unas tarjetas con el escudo de Alemania, en color, que dicen en árabe que no cabe nadie más. Que no vaya nadie más.

Esto debe acabar. Pero hay demasiados intereses. Europa ha vendido muchas armas. Israel está blindando su posición en el golfo. Es la maldita guerra fría. Y mientras la gente está en muchísimos lugares muriendo para que los de siempre se forren. Nos da un poco de vértigo llegar a casa y que las noticias hablen de tonterías de pactos y de pantomimas políticas y que, otra vez, nos demos cuenta de que todo esto le da igual a todo el espectro político. Porque esto no va a acabar bien. La gente está en un nivel de desperacion que no parece muy sostenible en el tiempo. La situación pinta fea. Probablemente las situaciones de violencia sean cada vez más frecuentes. El desalojo por la fuerza no parece demasiado lejos. Y desalojar diez mil personas que no se quieren mover, no parece algo sencillo.

Esperemos que la juventud que está en esta situación no sea rencorosa. Porque con tanto odio no puede salir nada bueno. Ya vendrán las desgracias (y sus posteriores banderitas y “je suis”), pero no hacemos nada por evitarlas. Como hemos leído en algún tuit por ahí, que si nos pilla una situación parecida, que no traten a nuestrxs niñxs como les estamos tratando nosotrxs. Esperemos que no nos pille.

Bueo, ahora estamos con un sabor agridulce. Abandonar a lxs compis allí, es dificil. Pero haber vivido esto ha merecido la ena. Ya estamos maquinando nuevos movimientos. A ver cómo evoluciona todo. Ahora toca desepdirse y echar de menos a Marta, Carmen, Inés, Cris, Eli, Alberto, Oscar, Alex, Marcos, Koldo, Álvaro, Marta, gentes de Vic, Valen, Albert, Víctor, Fabi, Alicia… y a todo el resto del equipo que se ha ido uniendo después. Y sobre todo a lxs amigxs refugiadxs (que no ponemos los nombres proque seguro que somos incapaces de escribirlos). Para nosotrxs se acaba el polvo y el humo. Aunque ahora somos casi bomberos o paramédicos en acción.

Buenas noches. Ahora toca recapacitar.

Más café mañanero. Estamos desayunando un moment. Ya nos iremos hoy en algún momento, que mañana tenemos que devolver el coche en Atenas.

Ayer, con tanto control policial, retuvieron a unos quince voluntarixs y detuvieron a uno. Por lo visto llevaba un cuchillo; sería de cocina. Están claramente intentando que no participemos, que no ayudemos. Que gente autoorganizada haga lo que deberían estar haciendo los estados, no les debe gustar. En Grecia quieren acabar con el campamento de Idomeni. También con el del Pireo. En una semana estarán todos los campos nuevos ya terminados, y quieren que todo pase a manos del ejército, de ACNUR, etc.

Las compis enfermeras estuvieron ayer de reunión on otros espacios sanitarios del campo. Por lo visto MSF y MDM están ofreciendo asistencia en cierto horario. También hay un par de colectivos más independientes que, como nosotrxs, también tratan de ayudar en estos ámbitos. Cuenta una compañera que estos días han echado de su sitio a una familia siria del sitio donde estaban acampadxs para que MSF monte una oficina ahí. El campo es bastante grande. Y esta familia tenía miedo de que las compas enfermeras no supieran encontrarles después, que tienen un hijo en silla de ruedas y lo tienen bastante jodido con la movilidad. Son muchas personas en una sola tienda.

Nosotrxs ahora vamos a echar el último empujón en el campamento. Vamos a dejar lo mas cerrado posible los próximos repartos de leña para la próxima semana. El resto del dinero se lo vamos a ingresar a lxs compis que se quedan aquí, que hacen una tarea buenísima. No sabemos si habremos sabido explicar bien la situación, pero vaya, un trabajo fantástico; tanto en los objetivos como en las formas.

No queremos irnos. Aquí estamos muy contentxs. Con el equipo estamos muy bien, currando en pequeñas cositas interesantes, en contacto directo con las familias. Muy bien. Ayer esta panda de golfxs se pitorreaban de nosotrxs porque están leyendo el blog, y les hace gracia el tono. Lo pasamos super bien, las cosas como son, y eso también lo comentamos, pero lo interesante es explicar la dimensión del drama. Al menos eso creemos. Menudo cachondeo se traen los bomberetes. Y cada vez son más.

En fín. Seguimos. Que queda poco.

 

 

 

Parada técnica. Café.

Hemos repartido 5 toneladas de leña. Ha sido bastante loco, pero lo hemos solucionado bastante bien. Ha habido bastante orden; éramos bastantes. Seguramente hoy se queme menos plástico, y se cocine un poco mejor. Esperamos poder mantener esta campaña “todos” los días. Nosotrxs nos vamos, y los compañeros bomberos de Leganés también, pero quedan otros tantos. Dos de Barcelona y hoy mismo han llegado tres de Pamplona. Así que este plan parece que continúa. Buena onda con el tipo que la vende, hemos arreglado un precio para que venga todos los días con el camión. Se ha lanzado a repartir madera él también.

Antes fuimos el equipazo a por más madera con el camión de Koldo. Lo llenamos de ramas más finillas, para empezar los fuegos. Buen curro. Aunque en los viajes, hemos tenido que tragarnos a la policía unas cuantas veces. Hoy están parando a toda la gente que pasa por la carretera en dirección Idomeni. Bastante pesados. Pasaportes para arriba y para abajo. Preguntas. Mas preguntas. Da la sensación de que quieren empezar a cortar el grifo. No somos bienvenidxs lxs voluntarixs. Incluso en la entrada al campamento, una vez superados los controles previos, nos han obligado a darnos la vuelta. Menos mal que conocemos el camino que va por el campo, y entramos por detrás.

Hemos ido a comer con la familia que ayer nos invitó. Han venido varias veces al camión mientras currábamos para decirnos que fuéramos. Al final hemos ido, pero tarde. Ya habían comido. Pero nos tenían preparado un par de platos de un arroz con cacahuetes, pasas, tomatito y pepino con un trozo de pollo asado. Buenísimo. La verdad es que no nos apetecía mucho, por si lo habían cocinado de aquella manera. Pero estaba muy bueno. Tremendo. Y allí todo el rato dándonos botellitas de agua, dátiles, comentando cosas… Muy hospitalarixs. Ha venido también una amiga de esta familia, con su hija. Ya subiremos fotos, pero una niña de 15 meses guapísima. Su prima también tenía un bebé muy gracioso. Todo el tiempo nos agradecen estar ahí. Esta es la familia en la que una de ellas le va a poner a su bebé el nombre de una compañera matrona que les ha ayudado muchísimo; Carmen. Gente muy agradable. Nos hemos enamorado. Tendrán unos 25 años, no más. Pero la sensación es que tienen muchos más. Dicen que ya no les apetece ir a Alemania, que quieren ir a España. Son unxs cachondxs, porque la amiga tiene al marido en Alemania.

Tenemos la sensación de que hay muchísimxs españolxs aquí. No sabemos si seremos el grupo más numeroso, pero parece serlo. Y parece que la gente de aquí lo sabe y lo valora. Lxs griegos dicen que somos la gente más solidaria, que somos famosxs por eso. ¿Será verdad?

Una chica de 13 años amiga/curranta de nuestro equipo, de Siria, hoy ha aprendido a decir “illo cabesa”. Morimos de la risa.

Volvemos al campamento. Nos queda poco tiempo aquí

 

 

Anoche dormimos en casa de Víctor, un chico con el que teníamos contacto a través de internet, pero que no nos habíamos cruzado hasta entonces. Lleva aquí casi dos meses. Es uno de los voluntarios más veteranos. Tiene un piso con las puertas abiertas todo el tiempo. Aquí la gente entra y sale sin problema. Utiliza las duchas, las camas libres, el suelo…  Igual que con el dinero. Tanto el de donaciones como el personal de cada colectivo o independientes, se utiliza de manera común. Sin preguntar. Es la dinámica entre lxs cooperantxs. Todo el mundo arrima el hombro. Todo el mundo pone pasta para financiar cualquier historia que nos inventamos colectivamente. Ayer un grupete de Vic, “el poble ajuda al poble”, nos dejaron el resto de las donaciones que ellxs también tenían (aquí todo el mundo ha hecho como nosotrxs con el tema del dinero), para destinarlo a la campaña que llevamos estos días. Nadie duda, todo el mundo aporta. También otro grupo de cuatro chicas catalanas también. Mañana vendrán al reparto y organización de la leña y, como tienen pelas, dicen que quieren aportar tambien.

El proyecto es sencillo; mañana repartiremos mil flyers con información sobre fuegos, y lo acompañaremos con el reparto de leña. Vamos comprar un container entero de madera. Aquí la gente está quemando plásticos, ropa, y cualquier cosa que encuentra para cocinar, para calentarse, y por puro entretenimiento. El humo es irrespirable. Muy negro. Muy tóxico. Todxs tenemos achaques respiratorios. Lxs que más tiempo llevan lo pasan peor. Y la gente cocina en latas chamuscadas sobre hogueras en las que arde plástico. Gran parte de los problemas de salud que se están dando son por culpa de esto. También hemos sacado unos veinte carteles en A3 plastificados para colocar en las carpas grandes y sitios clave. La info está en inglés y en árabe, nuestro amigo Moha nos ha hecho de traductor.

Bueno, esta mañana, después de despertar en casa de Victor, los del bar donde solemos comer y echar alguna cervecita relajante por la noche, nos han invitado al café mañanero. Por la tarde, después de imprimir los flyers, también nos han invitado. Lo hacen mucho. Se comportan con nosotrxs muy bien. En el propio pueblo se está creando también muy buena onda.

El campamento esta mañana tenía un aspecto terrible. Tras la batalla de ayer, llovió y se levanto un viento fortísimo. Por un lado bien, porque limpió el ambiente de los gases. Pero también destruyó gran parte de los toldos y muchas tiendas. El viento aún permanecía fuerte y la imagen era durilla. Y al pasar por las vías, un grupo de personas estaba recopilando la munición que utilizaron contra ellos los macedonios. Parece que la foto es ha movido por las redes. Mucha cantidad de balas de goma (de diversos tamaños), distintas latas de gas, etc.

Por la mañana, tras repartir tarea en una pequeña asamblea, unxs hemos ido a Macedonia y otrxs a Polikastro, a  comparar precios, a tantear leñadores locales, y a las gestiones habituales. Macedonia es un lugar hostil. No nos han abierto el maletero, cero registro, pero bastante hostilidad, muchas preguntas, cero inglés…  Bastante inútil el viaje. En Polikastro hemos localizado la leña, y además un punto donde hay bastante madera más pequeñita para poder arrancar fuegos. Mañana iremos con el camión vasco a por esas ramitas también. Buena tarea tenemos pendiente.

En general el día ha sido mucho más relajado que ayer. Hoy no había enfrentamiento, de hecho, un buen número de gente ha ido a la frontera a entregar flores y verduras a modo de ofrenda en son de paz. Después de comer, en la zona de la estación nueva, ha habido una pelea muy grande entre iraquíes y afganos. O sirios y afganos, no lo tenemos claro del todo. Varias decenas de jóvenes se lanzaban piedras, palos… Tiraban contra el tren y los que allí se habían parapetado. Un poco raro, no sabemos bien qué ha pasado.

No hemos podido arreglarle a una chica su teléfono, después de varios días, y es una pena. Pero nos lo agradecían mucho, y nos han invitado mañana a comer con toda su familia. Es de lujo eso, muy hospitalario, pero a la vez, no nos apetece demasiado comer nada cocinado en esas hogueras, la verdad. También hemos conocido a unos chavales de Telecos Sin Fronteras. Montan wifi gratis. Es bastante útil, aquí todo el mundo está mirando el teléfono todo el rato. Y tablets. Los sitios con enchufe están repletos.

Estamos bastante reventadxs de ayer. Todxs lo notamos. En el hospital hemos hecho algunos bancos, una silla de ruedas adaptada para un niño con parálisis, y todo tipo de currillos (currazo de los bomberos de Barcelona). También hemos visto autobuses que se llevan gente. Dicen que les prometen ir a un sitio y luego les llevan a otro. Hay mucho desconcierto. Una chica bastante indignada nos cuenta que ayer, en EKO (la gasolinera abandonada que ahora es un campamento), les mostraban fotos de lugares con parques infantiles y cosas bonitas para convencerlos. Y por lo visto los llevan a campos militares. Otrxs hablan de campos de detención en condiciones muy malas. Es confusión permanente. Pero el tipo que estaba apuntando a gente en la puerta del bus llevaba un chaleco de ACNUR. Es la única vez que vemos a alguien de esa organización. Lxs voluntarixs, en general, están muy mosqueadxs con las mega organizaciones estas. Ayer, un compañero bombero, vió como durante los disturbios, MSF le cerraba la puerta a un grupo de chicos que llevaba un herido hacia allí. Por lo visto decían que no había médicos. De hecho, ningunx de lxs que estamos aquí hemos visto médicos en las carpas de MSF. Sólo camas. También hoy, gente del gobierno griego, se ha acercado a nuestra carpa-hospital para decirnos que estamos ilegales. Que los doctores necesitan una serie de papeles o no se qué. Es comprensible que un doctor necesite ciertas acreditaciones, pero en un lugar donde hay un campamento ilegal en el que ningún estamento oficial está ofreciendo asistencia sanitaria te digan eso, nos resulta absurdo. Tenemos papeles. Traen todo eso organizado desde la organización de los bomberos. Pero no deja de ser curioso que un par de señores relativamente bien vestidos se acerquen al lugar sólo para eso, para recordarnos que sin el permiso para ofrecer asistencia sanitaria, nos cierran el chiringuito. Parece que no entienden la situación de emergencia que hay aquí. Dicen que si se nos muere alguien, sería un problema. Igual sin la asistencia esas muertes llegarían antes. Quién sabe.

En algún momento, ha venido el marido de la chica que llevamos ayer al hospital a parir. Le hemos enseñado la foto de su bebé (que nos alegró tanto ayer la tarde). No la había visto. Estaba contentísimo y nos daba las gracias. También quería que le lleváramos al hospital, pero no es tan sencillo. Son ilegales y podría pasar cualquier cosa. Pero se va súper contento. Y el entorno de la carpa repleto de gente esperando para ser atendida. Y todo el rato jugueteamos con lxs niñxs.

Día tranquilo. No tenemos demasiada energía. Pero estamos muy agusto con el equipo. Ya somos oficialmente bomberos (les robamos las chaquetas, jeje).

 

A dormir.

10 abril

Hoy domingo ha sido (está siendo) una jornada para recordar. O para olvidar. No sabemos por dónde empezar. De verdad.

Probablemente esto no haya sido noticia en Europa. Pero en el campamento de Idomeni se está llegando a un punto complicado. Hay artículos por ahí que hablan de un antes y un después. Nosotrxs no sabemos cuantificar la magnitud, que no es poca, por incapacidad de comparar. La gente con la que hemos hablado, dicen que ha sido el enfrentamiento más violento y prolongado. No sabemos bien.

Esta mañana se ha llevado a cabo lo que llevaba un tiempo (un tiempo aquí puede ser unos días, o unas horas) rumoreándose; el intento de cruzar la frontera de forma masiva. La convocatoria (o rumor, según queramos leer la situación), era a las 9 am en las vías (donde en las fotos se pueden ver los autobuses azules de la policía, o el toldito con pancartas apoyado sobre patas metálicas sobre vías de tren). Esa es la zona cortada por la policía griega. Es la zona donde antes cruzaban trenes. Es como un corte previo a la propia frontera. Una ratonera rodeada de vallas por los costados, delante mucho antidisturbio griego, y al fondo concertina, valla, y un tanque macedonio que, de hecho, impediría la posible apertura de la valla.  Desde esa hora (o algo después, que somos mediterránexs), se empezó a congregar mucha mucha gente en las vías y el entorno. Las vías, a esa altura, son como la zona cero del activismo. Es una posición ocupada úniacmente por hombres. En posiciones un poco más periféricas, en los costados, ya encontramos mujeres y niños, familias, mayores… Es fascinante ver cómo la inmensa mayoría de estas personas se presentan allí con las maletas hechas. Todo el equipaje a la espalda. Bolsas enormes en los brazos. Familias enteras. Gente que se va. Gente que realmente se siente en disposición de irse. En general, lo tienen claro. Confían en la apertura de puertas aún. Confían en algo que si no fuera por tantas cosas bonitas que aquí se están dando, mucha gente ya no confiaríamos. No les podemos culpar, aun sabiendo que enfrentarse al imperio es jodido. Pero a nosotrxs tampoco nos entra en la cabeza que nadie pueda permitir esta situación. Están ilusionadxs. Hablando con un grupo de pakistaníes muy agradables (con los que luego compartiríamos carreras y más), comprendes que no se permiten a sí mismos pensar en otra cosa que no sea continuar el viaje, confiar en la apertura, por las buenas o por las malas (y comentamos sobre estos chicos porque es a la gente de Pakistán a la que peor se está tratando, tanto en las políticas migratorias, como dentro del propio campamento). Pero están en las buenas. En todo momento gritan por la paz. Gritan por la no violencia. Pero la desesperación es complicada de gestionar.

En ese momento, vemos cómo unos sirios se adentran, acompañados por la policía, en la zona final de las vías (esa zona acotada por vallas, buses griegos de policía y la frontera macedonia con el tanque de guerra). No comprendemos muy bien lo que pasa, pero sucede un hecho curioso. Hay diálogo. Asistimos,  muy de cerca (ya que Jose consigue sobrepasar la maltrecha valla y a los antidisturbios griegos para sumarse al grupo de periodistas internacionales que acompañan a esta comitiva) a una conversación a través de la concertina. Refugiadxs y policía griega intercambian impresiones con señores armados hasta los dientes al otro lado de la valla. La verdad, no tenemos claro si son policías o militares, pero no transmiten nada bueno. Sin entender bien lo que pasa, nos da la sensación de que, muy amablemente, el sector macedonio advierte a quien está al otro lado de la valla de que al más mínimo incidente, actuarán con contundencia. El grupo negociador (por decir algo, porque poca negociación se puede dar entre un ejercito de hombres armados y un grupo de personas descalzas sin más arma que sus manos y sus ganas de vivir), vuelve hacia el punto donde se congregan ya miles de personas, y sin entender nada, parece que va a quedar en nada. Caras de desconcierto. Niñxs agazapadxs entre las piernas de sus padres. Voluntarixs que nos miramos y no sabemos cómo actuar.

Tras unos momentos de calma, una avanzadilla de jóvenes, desde la zona de concentración, parten hacia la frontera, esta vez, en paralelo a la zona de las vías acotada por donde transitaron antes el grupo negociador. Piden por favor que no se les grabe. Hay demasiados periodistas. Nosotrxs mismxs estamos grabando. Insisten en que paremos. Pero parece que ya no hay vuelta atrás. Este grupo, que es tan numeroso que somos incapaces de cuantificarlo (en realidad, es toda esa gente, sobre todo hombres jóvenes, que estaban concentradxs), se adentra en la zona del campo que colinda con la maldita frontera. Es una zona amplia, casi sin árboles, muy verde, en la que hay bastantes tiendas de campaña también. No es la zona más poblada del campo, pero hay muchísimas tiendas.

(Mientras escribimos esto, recibimos por un mensaje la foto de un bebé recién nacido. De una chica siria de veintidós años a la que hemos echado una manilla hoy. Impresionante)

Corriendo campo a través, gritando algo así como “adelante!”, la gente empieza a dispersarse en tres o cuatro grupos diferentes, y alcanzan la frontera. Muy rápidamente, con mantas y ropa, agarran la concertina y empiezan a tirar de ella. Algunos se dejan ahí las manos. Pero en algunos puntos, consiguen arrastrarla. Los militares macedonios (ok, llamémoslos así) empiezan a correr hacia donde estamos. Desde el otro lado de la valla, comienzan a ocupar todo el largo de la frontera a la que tenemos acceso. Son muchos. Pero a este lado hay una cantidad de gente tremenda. No somos buenxs contando, pero menos de dos mil jóvenes no podía haber. La gente a este lado empieza alcanzar la valla. Y sin esperar demasiado, comienzan los macedonios a cargar. Desde este punto, todo lo que sucede es un intercambio enfermizo de bombas de gas lacrimógeno, piedras, gritos, y algún que otro tiro. También lanzan granadas. Son suaves. Cuando nos sobresaltamos con las explosiones, unos chicos sirios que están a nuestro lado dicen que eso no es nada entre risas. Esta gente lleva siendo bombardeada con bombas de verdad mucho tiempo. Parece que esto no les va a parar. Van todos a una. Saben lo que hacen. Son muy valientes, parece que han perdido el miedo. Llueven bombas lacrimógenas. Llueven bombas. Las primeras estampidas iniciales dan paso a un momento diferente. Quienes huyeron de la violencia ejercida desde la frontera han dejado el hueco a quienes no la temen tanto. Ahora estos jóvenes (y bueno, no tan jóvenes) en vez de huir, leen la parábola que dibuja en el cielo el proyectil humeante, y acuden al sitio donde caerá. En todos los casos, acude un grupo de gente con mantas (en muchas ocasiones previamente mojadas) a tapar las latas que sueltan el gas que ya está incapacitándole la visión a muchísima gente. Y así una y otra vez. Más gas, más gente que acude a taparlas. Se lanzan piedras contra la frontera, contra quienes obedecen las decisiones que han tomado nuestros políticos. Imaginamos que esos lanzamientos están llenos de rabia contra esa gente que los ha vendido por unos miles de millones de euros. Continúan las piedras. Continúan los gases.También hay explosiones, algunas bastante cerca. No miran a donde disparan.En cierto momento, la dinámica de tapar el gas es mejorada. Ahora las agarran y se las devuelven a sus legítimos dueños. A este lado de la valla estallan los aplausos y los gritos de alegría. Es terrible lo que está pasando. En la zona de batalla, hay familias enteras. Todo este panorama no es una manifestación de encapuchados. Gran parte de la gente que está en esto son familias con niñxs. Entre gases lacrimógenos y explosiones encontramos a niñxs que no paran de llorar. También los hay incapaces de llorar; paralizados. Estas familias cargan sus pertenencias. Estan paradas en mitad de un campo enorme, muy verde, donde lo único que pueden ver son militares, vallas metálicas, humo, explosiones, gente corriendo, heridos…  Y todo esto dura eternamente. El enfrentamiento se vuelve cada vez más violento. Lxs voluntarios jugamos un papel complejo. Esta “no” es nuestra batalla. Algunos participan, pero la inmensa mayoría documentamos lo que está pasando. Asistimos a los heridos, que son muchísimos. Nos sumamos a las tareas de apaciguar el gas lacrimógeno con mantas. Sacamos niñxs de allí. En todo momento tratamos de ser útiles. Entre nosotrxs mismxs nos apoyamos. Mucha gente no es capaz de soportarlo. Muchísima impotencia. No sabemos qué hacer. La batalla no va a ningún sitio. Cada vez son más los heridos. Sacamos a muchos hombres heridos. Algunos por balas de goma, otros por caídas. La inmensa mayoría demasiado expuestos al gas. Las piedras siguen. Un grupo importante trata de parar las pedradas. A la mayoría de lanzadores de piedras los retiran del lugar algunos grupos de refugiados. Se gritan entre sí. Entendemos que están muy concienciados con la no violencia activa y no quieren elementos que justifiquen la violencia contra las personas (pues tienen muy claro la diferencia entre atacar personas y atacar las vallas). Tras unas horas de batalla sin tregua, de un bucle casi infinito de gases, explosiones, carreras, mantas, heridos, cuidados… decidimos ir con lxs compañerxs del hospital a ver qué tal andan allí. Queremos encontrar almax, que diluído en agua, es muy útil en estas situaciones. Nos juntamos con una gente preciosa de Vic y corremos. Lo único que encontramos es gente repartiendo limones y cocacola para paliar los estragos que está causando el maldito gas. No sabemos hasta qué punto son útiles estos elementos, pero toda la gente está usándolos. Continuamos la búsqueda del almax cuando en cierto momento tanto gas se hace insoportable y nos imposibilita continuar. El escozor es insoportable. No sabemos si duelen más los ojos abiertos o cerrados. El zumbido de tu propio cráneo tratando de aguantar es terrible. Estamos relativamente fuera de la zona de conflicto, en la periferia, donde la gente “mira”, donde están las enfermeras, donde también encontramos bomberos. Abrir los ojos es imposible. Tenerlos cerrados insoportable. Manos amigas nos ayudan, nos acompañan los metros que nos separan de una sombra donde pueden echarnos una mano. Oímos voces que nos llaman por nuestros nombres, nos dan agua, nos cuidan. No nos pasa nada en realidad, solamente escuece. Pero escuece mucho. Es cuestión de minutos sacarlo todo. Cuando empezamos a poder abrir los ojos, estmos rodeados de mujeres con niños que nos ayudan. Al fondo el equipazo del campamento sanitario nos sonríe. No pasa absolutamente nada. La gente huye de la guerra. Esto es una broma; cuatro lagruimillas, un picor, y a volar.

En la zona donde tenemos el hospitalito de campaña, la carpa de lactancia y la tienda de lavado de bebés el caos es importante. No paran de llegar los heridos más afectados. Los que no pueden ser atendidos por lxs compañerxs que están más cerca de la frontera, lxs que ofrecen la asistencia más rápida. Llegan chicos con esguinces, con la cara ensangrentada, con problemas en los ojos. De todo. Es un no parar de emergencias. Se dan situaciones bastante complejas; la mayoría del equipo ha llegado hoy mismo. Para mucho personal su primer contacto con el campo, con el curro que allí se está haciendo, es ese justo momento. No nos sabemos ni nuestros nombres. Algunxs ni conocen a nuestrxs compañerxs refugiadxs que trabajan con el equipo. Mucha gente entra y sale. Muchas carreras. Algún ataque de ansiedad, o de pánico.

A lo lejos gente llega corriendo avisando de un parto inminente. Rápidamente acondicionamos la carpa de lavado de bebés, en ese momento cerrada, para poder actuar allí. Muy eficaz el equipo. En segundos ya está “listo”. Al momento de llegar esta chica, llega otra. Dos partos. No nos lo podemos creer. Una compañera enfermera se tiene que convertir en matrona, la nuestra tuvo que marchar el día anterior. Por cierto, hay una niña en camino en el campamento a la que le van a poner el nombre de esta compañera matrona (estas son las cosas que pasan aquí…). Tras algunas comprobaciones, nos piden que alcancemos al hospital más cercano a las dos chicas. A ello vamos. No sin antes los clásicos momentos de confusión entre quienes no hablamos un ápice del idioma del otro. Lalin, una chica siria de 13 años que trabaja muchísimo con nuestro equipo traduciendo salva la situación. Nos vamos al hospital finalmente con una de las dos chicas, la otra no lo necesita aún. Su marido no viene, vendrá su cuñada. Nos agarramos, y lxs tres nos vamos con esta chica y su cuñada al hospital. Pero antes tendremos que cruzar todo el campamento. El campamento en el que se está llevando a cabo una batalla importante. El campamento en el que llueve gas lacrimógeno. Vamos con una chica a punto de parir. Su calma es impresionante. Es su primer hijo, tiene veintidos años, y ahí está, en un campo de refugiados que está siendo bombardeado con gases, balas de goma, explosivos…

Ya en el coche arrancamos lo más rápido posible para huir del agobio del gas, que está presente en un perímetro demasiado grande. Veintitantos kilómetros nos separan de Polikastro, el pueblo al que vamos a llevar a la chica. Vamos lo más rápido posible. Por la autovía que vamos nos cruzamos bastantes ambulancias. La situación es muy calmada. Tratamos de hablar lo que podemos con ellas, que están mucho más tranquilas de lo que podemos creernos. Oímos algo de musica tranquila. Estamos bien. Ella está bien. Y no sin perdernos un poco por el pueblo, lo cual suma algo de tensión a la historia, llegamos a un pequeño centro de salud. Bastante lejos de nuestra idea de llevarla a un hospital. Dentro nos dicen que deberíamos llevarla al hospital de Kilkis, que es más grande y que allí no tienen ginecología. Tratamos de explicarle como buenamente podemos al doctor que una situación de este tipo debería ser gestionada por una ambulancia. Nosotrxs no somos sanitarixs. Así que finalmente se la llevan en ambulancia. Nos quedamos preocupados, aunque hemos hablado con el señor del tema, no sabemos. Él dice que cuando todo acabe, la llevarán de vuelta a Idomeni, lo cual no deja de ser surrealista.

Tras esto nos vamos al almacen de farmacia que tenemos en el pueblo, a por material. Nos ayudan a recopilar material un grupo de catalanas que están ayudando en el campamento de EKO (la gasolinera abandonada en la autovía donde hay unas dos mil personas en “mejores” condiciones que en Idomeni). Cuando tenemos todo lo que nos han encargado, volvemos para el campamento, previa parada por el almacén general, que tenemos que llevarles zapatos y ropa a algunas familias.

La entrada otra vez al campamento es complicada. Sentimos un sabor extraño en el aire. Ahora no es gas lacrimógeno. Estamos bastante lejos, pero el aire ahora sopla diferente. No huele a lacrimógeno. Tampoco se ve color. Pero la lengua nos pica. Rápidamente nos tapamos la nariz y la boca. Nos cruzamos con Victor, un chico que lleva aquí dos meses y está haciendo un curro fantástico y al que todo el mundo aquí conoce. Independiete. Un grande. Nos cuenta que se ha ido de las manos todo. Que ahora quedan muy pocos pelando, pero que hay niños. Están gaseando algo nuevo, incoloro. Nos suena a gas pimienta, que es también muy molesto. Puede que sea más insoportable aún. Aparcamos el coche, sacamos las cajas con medicamentos y ropa, y vamos rápido hacia nuestro sitio. Hemos dejado el coche en la carretera que está entre las enormes carpas de MSF y el campo de batalla. Cae una bomba de gas a 20 metros de nosotrxs. Terrible. Nos cuesta continuar, pero el aire que ahorra corre se lo lleva. Eso antes no pasaba. Empieza a llover, y eso es muy bueno. Con aire y lluvia el gas pierde un poco de su potencia. Camino del hospital les dejamos unos botes con suero a las enfermeras que están ahí. Una vez allí todo sigue igual. La sala de espera (unos banquitos hechos de palés y unos toldos de plástico azul, todo muy 15M), repleta de familias esperando, niños corriendo, jugando. Parece que vuelve todo a la normalidad, dentro de la excepción del día de hoy. La carga de trabajo ha sido tremenda. Nadie ha podido ni comer.

Hacemos un par de cositas, y nos vamos. Son casi las siete de la tarde. Los bombazos continúan. Ahora apenas queda gente aguantando. Hay un chico agazapado en lo alto de uno de los pilotes de la verja. Diez metros más allá, el metal ya no existe. Han conseguido romper la valla. Ahora son muchos militares macedonios la frontera. Ahora hay cinco tanques que se suman al que ya existía allí. Y ahora visten de azul. Es otro cuerpo el que actúa. Se les ve que portan armas de otro tipo, más peliculeras. Hay algunos de ellos subidos encima de los tanques, muy peliculero también. La estampa es rara. Apenas queda gente plantándoles cara, pero tiran más bombas de gas que antes. Estamos totalmente agotados y sentimos la necesidad de compartir esto (texto y fotos). Duele irse, pero nos vamos.

La gente ve muy positivo lo que está pasando. Nosotrxs no sabemos qué pensar. La solución probablemente no esté aquí, pero es cierto que la intensidad del enfrentamiento es tal, que puede suponer algo de presión. Igual sirve para que no se deje de hablar de esto en los medios. Igual en Europa por fín nos damos cuenta de lo insostenible de la situación. Esta gente está dispuesta a todo. Y no quieren saber que detrás de esa frontera hay muchas más fronteras peores incluso que esta. Dicen que unos metros más atrás, hay policías de diversos países europeos que están colaborando con la policía de Fyrom (como llaman a Macedonia aquí).

Estamos bien. Estamos perfectamente. Agotadxs, pero muy bien. No nos hemos expuesto a ningún peligro importante (por si alguien se preocupa). La situación en sí es extrema. Lo de hoy es solo una “anécdota”. Lo gordo se está cociendo en otros lugares. Miremos la frontera en Kobani. Miremos el trato a refugiadxs dentro de Fyrom o de Serbia. Incluso en Francia. Los gobiernos. Los movimientos racistas que se están alimentando de todo esto. Hay doscientas mujeres embarazadas de más de ocho meses aquí en Idomeni. Y el resto, muchísimas embarazadas también. El próximo mes nacerán unas doscientas personas. Hay que hacer algo. Hoy, dicen, ha muerto un bebé de siete meses en los disturbios de hoy. No sabemos qué pensar, ni qué decir.

 

En breve estaremos de vuelta. Estamos pensando muchas cosas. Queremos volver, queremos tirar de algún proyecto un poco más serio. Dudamos qué hacer, sí guardar algo de las donaciones para algo más importante dentro de poco, si gastarlo todo ahora…  Parece que hoy no es el día de pensar en esto.

 

Buenas noches  🙂

 

PD: Disculpen faltas de ortografía y diversos atentados contra la lengua. Hemos vomitado esto un poco, y no tenemos tiempo para andar corrigiendo nada.

Idomeni camp, Grecia.

 

 

 

 

Han sido momentos intensos. Desde la última vez que escribimos algo, han pasado muchas cosas. Tantísimas ni las mencionaremos; es imposible. Ahora mismo hay un trozo de la valla que está reventado. Nosotrxs estamos también un poco desubicadxs. En estos días se nos han ido de vuelta compañerxs muy queridxs. Marta, Carmen, Albert, Oscar, Nikos… compas de lxs que levantaron todo este proyecto tan bonito, han tenido que despedirse de lxs que aquí quedamos. Intentaremos mantener el espíritu del proyecto. Mucha gente nueva llega, esperemos que la confianza, la autogestión, la cooperación, el curro desde el cariño y todo lo que aquí se está dando continúe.

Ayer volvió la lluvia. El campo de Idomeni se volvió a converitr en ese infierno fangoso que vimos por la tele hace unas semanas. Tiendas rotas. Toldos volándose. Niñxs descalzxs. Partidillos de fútbol que al segundo toque todos íbamos al suelo. Esta gente no se para por una minucia. Huyen del horror. Nosotrxs intentamos adaptarnos y aprender a vivir con el frío, la lluvia, el fango, la suciedad… No es fácil, pero terminas riendo con ellxs con las caídas. Y al final, eres el único con chubasquero, aunque un británico andaba por ahí fabricando con bolsas de basura unos ponchos de lo más monos para la juventud. Muy simpáticxs lxs niñxs. Y la noche fué muy brumosa. Una niebla terrible, aunque muy bonita. Apenas veías la siguiente tienda, y los focos generaban zonas espesas de luz autorreferente. Echamos unas manillas ahí donde hizo falta, cavamos, montamos tiendas, hicimos portes… y finalmente, al irnos, uno de los nuestros terminó apalabrando con varias familias el traerles unas tiendas nuevas desde el almacén (que está en polikastro, el pueblo donde se quedan muchos voluntarios, donde solemos ir a comer y a relajar la mente). Y allí no quedaban ayer tiendas de campaña. Se te parte el alma saber que hay gente esperándote para dormir sin mojarse, que les has dicho que lo intentarías, pero que no puedes ayudarles. No pudimos evitarles otra penuria a esta gente. Esas cosas pesan. Y mientras nosotrxs en el coche sin mojarnos (aunque ya veníamos empapadxs!), y sabiendo que tenemos cobijo. En fin, hacemos lo que podemos.

Pasan cosas muy bonitas también. Las sonrisas no paran. Pese a todo, esto es una alegría detrás de otra. Tanto con los bomberos, como con lxs sanitarixs, como con lxs voluntarixs, y por supuesto con lxs refugiadxs. Es difícil explicar algunas cosas.

 

Un abrazo enorme a lxs compis que se nos han ido, pero que pronto veremos más por aquí que por allí 😉