Han sido momentos intensos. Desde la última vez que escribimos algo, han pasado muchas cosas. Tantísimas ni las mencionaremos; es imposible. Ahora mismo hay un trozo de la valla que está reventado. Nosotrxs estamos también un poco desubicadxs. En estos días se nos han ido de vuelta compañerxs muy queridxs. Marta, Carmen, Albert, Oscar, Nikos… compas de lxs que levantaron todo este proyecto tan bonito, han tenido que despedirse de lxs que aquí quedamos. Intentaremos mantener el espíritu del proyecto. Mucha gente nueva llega, esperemos que la confianza, la autogestión, la cooperación, el curro desde el cariño y todo lo que aquí se está dando continúe.

Ayer volvió la lluvia. El campo de Idomeni se volvió a converitr en ese infierno fangoso que vimos por la tele hace unas semanas. Tiendas rotas. Toldos volándose. Niñxs descalzxs. Partidillos de fútbol que al segundo toque todos íbamos al suelo. Esta gente no se para por una minucia. Huyen del horror. Nosotrxs intentamos adaptarnos y aprender a vivir con el frío, la lluvia, el fango, la suciedad… No es fácil, pero terminas riendo con ellxs con las caídas. Y al final, eres el único con chubasquero, aunque un británico andaba por ahí fabricando con bolsas de basura unos ponchos de lo más monos para la juventud. Muy simpáticxs lxs niñxs. Y la noche fué muy brumosa. Una niebla terrible, aunque muy bonita. Apenas veías la siguiente tienda, y los focos generaban zonas espesas de luz autorreferente. Echamos unas manillas ahí donde hizo falta, cavamos, montamos tiendas, hicimos portes… y finalmente, al irnos, uno de los nuestros terminó apalabrando con varias familias el traerles unas tiendas nuevas desde el almacén (que está en polikastro, el pueblo donde se quedan muchos voluntarios, donde solemos ir a comer y a relajar la mente). Y allí no quedaban ayer tiendas de campaña. Se te parte el alma saber que hay gente esperándote para dormir sin mojarse, que les has dicho que lo intentarías, pero que no puedes ayudarles. No pudimos evitarles otra penuria a esta gente. Esas cosas pesan. Y mientras nosotrxs en el coche sin mojarnos (aunque ya veníamos empapadxs!), y sabiendo que tenemos cobijo. En fin, hacemos lo que podemos.

Pasan cosas muy bonitas también. Las sonrisas no paran. Pese a todo, esto es una alegría detrás de otra. Tanto con los bomberos, como con lxs sanitarixs, como con lxs voluntarixs, y por supuesto con lxs refugiadxs. Es difícil explicar algunas cosas.

 

Un abrazo enorme a lxs compis que se nos han ido, pero que pronto veremos más por aquí que por allí 😉

 

 

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