Es un hasta pronto…

 

Hace algo más de un mes que volvimos del periplo griego. Hemos tardado en hacer este último post por diversos motivos. Unos más importantes que otros, pero la verdad es que no queríamos ponerle fin a esta historia. De hecho, esto no es un final.

Han pasado muchas cosas desde entonces. Una de las más significativas es el desalojo por la fuerza del campamento de Idomeni. Todxs nuestrxs compañerxs ya no están allí. La “yellow tent” ha desaparecido. Ese espacio de autonomía ha sido reducido por las políticas europeas a la nada. Ahora miles de personas se han visto obligadas a irse a campamentos militares donde las condiciones son infrahumanas (más aún que las del propio Idomeni). Otras tantas sintieron que era el momento de dar el paso ilegal y apostar por cruzar la frontera ilegalmente. Sabemos que algunas han llegado a su destino, lo cual nos alegra a medias, ya que ha resultado ser un campamento de refugiados en Holanda. Otras han sido capturadas por la policía y el ejército de macedonia y, no sin antes reprimirlos violentamente, han sido devueltas a Grecia. Ahora les toca dormir en el suelo de una fábrica abandonada. Con una botella de agua al día para cada dos personas. Con una ración mísera de comida (en muchísimas ocasiones muy baja en proteínas) al día. Sin acceso a alimentación para bebés. Con la ausencia de un horizonte al que mirar. Sólo les queda la reclusión y la muerte lenta de las periferias, de las míseras sobras que les ofrece Europa. Y lo peor de todo es que conocemos gente que ha decidido volver a Siria. Hay familias enteras que tras el recibimiento europeo, han afrontado la realidad de querer una muerte rápida en la guerra, que apagarse lentamente despojadxs de su dignidad. Es una realidad terrible que no sabemos bien cómo afrontar.

Desde nuestra vuelta estamos en todo momento conectados tanto con la gente que impulsábamos y llenábamos de vida la carpa de Bomberos en Acción (y todo el perímetro de la misma). Voluntarixs y refugiadxs. Lxs que allí quedaban y lxs que estábamos en la distancia. La clave de nuestra experiencia allí ha sido esa humanidad que se hecha de menos desde las altas esferas políticas, así como desde ciertas macroorganizaciones con las que nos hemos topado. Las formas en las que hacíamos comunidad con las personas refugiadas es en gran parte lo que el desalojo de Idomeni se ha cargado. Más allá del aspecto logístico y de dignidad que suponen los nuevos campamentos militarizados, las pequeñas relaciones que se tejían, de algún modo, le daban sentido a la estancia. Daban fuerzas. Convertían esa situación en algo “menos malo”. Y es lo que, a nuestro parecer, en todo momento ha querido evitar el gobierno. Que allí hubiese ganas de seguir viviendo, de seguir luchando. Varios días antes del desalojo, empezaron a prohibir la entrada de voluntarixs. Cortaron la entrada de alimentos, de ropa, de personas que únicamente querían cooperar. Fueron capaces de impedir la entrada de camiones cargados de comida para recién nacidos. Generaron una situación de desesperación que bien les sirvió para tejer titulares en los medios de comunicación para justificar el desalojo. Un desalojo que ha sido a peor. En los medios no contaron muchas cosas. No se habló de que Europa impidió la libre documentación de los hechos a los periodistas. No se habló de que esa falta de alimentos era provocada por una decisión política. Y nosotros desde aquí lo único que hemos sido capaces de vivir ha sido la impotencia. Pura rabia.

Otro motivo, igual menos importante, por el que no habíamos de alguna manera cerrado estas narraciones, ha sido el de las aportaciones económicas. En nuestra estancia en la zona de Idomeni, hicimos poco gasto con las donaciones que recibimos en la cuenta. Nos volvimos con tres mil quinientos euros en la cuenta (y fuimos con poco más de cuatro mil). Como a mucha gente os contamos, uno de los motivos de nuestro viaje era el de conocer iniciativas de confianza a las que apoyar desde aquí. Conocer a esa gente que se deja la piel en estas situaciones. Desde el total respeto (pese a las diferencias) a otro tipo de organizaciones, nuestra manera de entender la cooperación es diferente. De ahí que quisiéramos generar un canal directo con personas, pequeños grupos, y alguna que otra ONG que estuvieran en las zonas de conflicto, para generar vías rápidas de llegada de las aportaciones económicas (las más necesarias) y de cualquier tipo a las personas refugiadas. Entendemos que quienes habéis hecho donaciones económicas a nuestra iniciativa, es porque, como nosotros, entendéis que vuestra ayuda va por estos caminos. Y estas relaciones siempre se han basado en la confianza y la honestidad. Desde el primer minuto en el campo, todo el dinero que la gente que compartíamos proyecto e ideas, era común. Para ir a Polikastro a por medicamentos todo el mundo ofrecía el dinero que traía de las donaciones. Todos los grupos lo teníamos muy claro. Los compañeros vascos, los bomberos de Leganés, las enfermeras, las gentes de Cataluña… en todo momento las donaciones, tanto las nuestras como las del resto de grupos, han sido 100% destinadas a las necesidades de lxs refugiadxs. De hecho, lxs compañerxs de El poble ajuda al poble, a la hora de irse, nos dejaron la parte del dinero que traían recaudado para que lo utilizásemos en el proyecto que habíamos empezado ese mismo día, y que luego se mantendría. El mismo proyecto en el que nosotros metimos dos mil euros. El de “más leña y menos humos” que arrancamos con los compañeros bomberos. Así que la mitad de las donaciones que habéis realizado, han ido a este proyecto. Justo a nuestra llegada a Málaga, les hicimos el ingreso por cuenta bancaria al proyecto de los de Leganés (que tanta otra gente estuvo al pié del cañón por mantener vivo). Parece una tontería, pero este proyecto sirvió para que mucha gente dejara de cocinar sobre plásticos quemados. Para que la gente dejase de respirar esos humos tóxicos. La salud de muchas personas se ha podido ver afectada por esto. Los mil quinientos euros restantes que quedaban en la cuenta, no los hemos usado hasta hace bien poco. Hasta justo el desalojo del campamento de Idomeni. Los compañeros vascos de Galdakao permanecen allí con el camión realizando repartos de ropa, de comida para adultos y recién nacidos, etc. Con el desalojo del campamento, la tarea a la que se enfrentan ahora es mucho más complicada, y sus recursos estaban viéndose cada vez más mermados, así que el pequeño aporte que pudimos hacer con vuestras donaciones lo hicimos. Álvaro y compañía van a poder seguir haciendo repartos, ahora en diversos campamentos.

Nos quedamos con la sensación real de haber sido de utilidad en todo esto. No hemos sido más que un par de intermediarios que hemos hecho posible que vuestras aportaciones lleguen íntegras a donde fuesen más necesarias. Y de verdad que hemos puesto todo el esfuerzo posible en esta tarea. Por otro lado, para nosotros ha sido una experiencia muy importante. Haber sido vuestros ojos allí, ha sido importante, pero sobre todo hemos conocido a gente que nos ha atravesado, y nuestra vida ha cambiado. Ahora estamos proyectando irnos con equipo para montar cine. La idea era hacerlo en Idomeni, que es el sitio donde teníamos afinidad con muchas personas refugiadas, con lxs voluntarios, y donde el acceso a cierta parte logística, gracias a las redes que allí tejimos, eran más esperanzadoras para el proyecto (luz, herramientas…). Queremos seguir adelante con este proyecto, que ya otras personas parecen ilusionarse y se suman, pero ahora nos queda pensar dónde llevarlo a cabo. Sabemos que en Serbia hay campamentos en condiciones terribles. En el sur de Italia ahora mismo es donde se está centrando el drama. Esta última semana han muerto más de mil personas intentando entrar por allí. Estamos tratando de pensar en todo esto con la mayor frialdad posible, para ser capaces de ser útiles allá donde pueda ser necesario, pero es bastante difícil. En cuanto lo tengamos más claro, os informaremos seguro. Haremos otra campañita, esta vez más concreta, para que quien quiera colaborar pueda hacerlo una vez más. Igualmente, quien sienta ganas de seguir colaborando, que nos escriba y podemos facilitar algún contacto interesante al que enviar donaciones más urgentes. De igual modo, nosotros volveremos 🙂

Otra cosita que queremos comentaros es que todo no termina ahí. Dentro de nuestras posibilidades, estamos tratando de hacer llegar a todos los lugares donde podemos, nuestra experiencia. Estamos acudiendo a institutos a compartir con lxs chicxs lo que hemos hecho, nuestra visión del conflicto, y generar, hasta donde podemos, cierta reflexión sobre la responsabilidad que podemos llegar a tener como colectivo en todo lo relacionado con el racismo, las guerras, las migraciones, la geopolítica y las desigualdades en el planeta. Está siendo bastante enriquecedor mantener estos diálogos con las generaciones más jóvenes, y es muy gratificante ver cómo se muestran tan interesadxs, y cómo entienden tan rápido y de forma tan inteligente la realidad que nos rodea. Estaremos encantados de ir a cualquier centro educativo que quieran que compartamos allí nuestra experiencia. Si sabéis de profes o ampas interesadxs, no dudéis en pasarles nuestro contacto. La idea es tratar de ser útiles, ya sea poniendo el cuerpo, o informando de primera mano de la situación. No son pocxs lxs chavalxs que al final de la charla se acercan a preguntar si pueden ir, si con su edad son útiles, si consideramos que es posible. Es muy alentador encontrarse tanta gente con ganas de cambiar las cosas.

En fín, gracias por todo el apoyo, por los mensajes de cariño que hemos recibido en nuestra estancia allí, y a la vuelta. Quien quiera cualquier cosa de nosotros, que nos lo haga saber. También guardamos (casi) todas las facturas y estractos de la cuenta de ingresos y gastos. Para cualquier cosa que podamos ser útiles, contactad.

Un enorme abrazo a toda la gente que aún queda allí. Europa no se lxs merece.

Jose y Ángel