10 abril

Hoy domingo ha sido (está siendo) una jornada para recordar. O para olvidar. No sabemos por dónde empezar. De verdad.

Probablemente esto no haya sido noticia en Europa. Pero en el campamento de Idomeni se está llegando a un punto complicado. Hay artículos por ahí que hablan de un antes y un después. Nosotrxs no sabemos cuantificar la magnitud, que no es poca, por incapacidad de comparar. La gente con la que hemos hablado, dicen que ha sido el enfrentamiento más violento y prolongado. No sabemos bien.

Esta mañana se ha llevado a cabo lo que llevaba un tiempo (un tiempo aquí puede ser unos días, o unas horas) rumoreándose; el intento de cruzar la frontera de forma masiva. La convocatoria (o rumor, según queramos leer la situación), era a las 9 am en las vías (donde en las fotos se pueden ver los autobuses azules de la policía, o el toldito con pancartas apoyado sobre patas metálicas sobre vías de tren). Esa es la zona cortada por la policía griega. Es la zona donde antes cruzaban trenes. Es como un corte previo a la propia frontera. Una ratonera rodeada de vallas por los costados, delante mucho antidisturbio griego, y al fondo concertina, valla, y un tanque macedonio que, de hecho, impediría la posible apertura de la valla.  Desde esa hora (o algo después, que somos mediterránexs), se empezó a congregar mucha mucha gente en las vías y el entorno. Las vías, a esa altura, son como la zona cero del activismo. Es una posición ocupada úniacmente por hombres. En posiciones un poco más periféricas, en los costados, ya encontramos mujeres y niños, familias, mayores… Es fascinante ver cómo la inmensa mayoría de estas personas se presentan allí con las maletas hechas. Todo el equipaje a la espalda. Bolsas enormes en los brazos. Familias enteras. Gente que se va. Gente que realmente se siente en disposición de irse. En general, lo tienen claro. Confían en la apertura de puertas aún. Confían en algo que si no fuera por tantas cosas bonitas que aquí se están dando, mucha gente ya no confiaríamos. No les podemos culpar, aun sabiendo que enfrentarse al imperio es jodido. Pero a nosotrxs tampoco nos entra en la cabeza que nadie pueda permitir esta situación. Están ilusionadxs. Hablando con un grupo de pakistaníes muy agradables (con los que luego compartiríamos carreras y más), comprendes que no se permiten a sí mismos pensar en otra cosa que no sea continuar el viaje, confiar en la apertura, por las buenas o por las malas (y comentamos sobre estos chicos porque es a la gente de Pakistán a la que peor se está tratando, tanto en las políticas migratorias, como dentro del propio campamento). Pero están en las buenas. En todo momento gritan por la paz. Gritan por la no violencia. Pero la desesperación es complicada de gestionar.

En ese momento, vemos cómo unos sirios se adentran, acompañados por la policía, en la zona final de las vías (esa zona acotada por vallas, buses griegos de policía y la frontera macedonia con el tanque de guerra). No comprendemos muy bien lo que pasa, pero sucede un hecho curioso. Hay diálogo. Asistimos,  muy de cerca (ya que Jose consigue sobrepasar la maltrecha valla y a los antidisturbios griegos para sumarse al grupo de periodistas internacionales que acompañan a esta comitiva) a una conversación a través de la concertina. Refugiadxs y policía griega intercambian impresiones con señores armados hasta los dientes al otro lado de la valla. La verdad, no tenemos claro si son policías o militares, pero no transmiten nada bueno. Sin entender bien lo que pasa, nos da la sensación de que, muy amablemente, el sector macedonio advierte a quien está al otro lado de la valla de que al más mínimo incidente, actuarán con contundencia. El grupo negociador (por decir algo, porque poca negociación se puede dar entre un ejercito de hombres armados y un grupo de personas descalzas sin más arma que sus manos y sus ganas de vivir), vuelve hacia el punto donde se congregan ya miles de personas, y sin entender nada, parece que va a quedar en nada. Caras de desconcierto. Niñxs agazapadxs entre las piernas de sus padres. Voluntarixs que nos miramos y no sabemos cómo actuar.

Tras unos momentos de calma, una avanzadilla de jóvenes, desde la zona de concentración, parten hacia la frontera, esta vez, en paralelo a la zona de las vías acotada por donde transitaron antes el grupo negociador. Piden por favor que no se les grabe. Hay demasiados periodistas. Nosotrxs mismxs estamos grabando. Insisten en que paremos. Pero parece que ya no hay vuelta atrás. Este grupo, que es tan numeroso que somos incapaces de cuantificarlo (en realidad, es toda esa gente, sobre todo hombres jóvenes, que estaban concentradxs), se adentra en la zona del campo que colinda con la maldita frontera. Es una zona amplia, casi sin árboles, muy verde, en la que hay bastantes tiendas de campaña también. No es la zona más poblada del campo, pero hay muchísimas tiendas.

(Mientras escribimos esto, recibimos por un mensaje la foto de un bebé recién nacido. De una chica siria de veintidós años a la que hemos echado una manilla hoy. Impresionante)

Corriendo campo a través, gritando algo así como “adelante!”, la gente empieza a dispersarse en tres o cuatro grupos diferentes, y alcanzan la frontera. Muy rápidamente, con mantas y ropa, agarran la concertina y empiezan a tirar de ella. Algunos se dejan ahí las manos. Pero en algunos puntos, consiguen arrastrarla. Los militares macedonios (ok, llamémoslos así) empiezan a correr hacia donde estamos. Desde el otro lado de la valla, comienzan a ocupar todo el largo de la frontera a la que tenemos acceso. Son muchos. Pero a este lado hay una cantidad de gente tremenda. No somos buenxs contando, pero menos de dos mil jóvenes no podía haber. La gente a este lado empieza alcanzar la valla. Y sin esperar demasiado, comienzan los macedonios a cargar. Desde este punto, todo lo que sucede es un intercambio enfermizo de bombas de gas lacrimógeno, piedras, gritos, y algún que otro tiro. También lanzan granadas. Son suaves. Cuando nos sobresaltamos con las explosiones, unos chicos sirios que están a nuestro lado dicen que eso no es nada entre risas. Esta gente lleva siendo bombardeada con bombas de verdad mucho tiempo. Parece que esto no les va a parar. Van todos a una. Saben lo que hacen. Son muy valientes, parece que han perdido el miedo. Llueven bombas lacrimógenas. Llueven bombas. Las primeras estampidas iniciales dan paso a un momento diferente. Quienes huyeron de la violencia ejercida desde la frontera han dejado el hueco a quienes no la temen tanto. Ahora estos jóvenes (y bueno, no tan jóvenes) en vez de huir, leen la parábola que dibuja en el cielo el proyectil humeante, y acuden al sitio donde caerá. En todos los casos, acude un grupo de gente con mantas (en muchas ocasiones previamente mojadas) a tapar las latas que sueltan el gas que ya está incapacitándole la visión a muchísima gente. Y así una y otra vez. Más gas, más gente que acude a taparlas. Se lanzan piedras contra la frontera, contra quienes obedecen las decisiones que han tomado nuestros políticos. Imaginamos que esos lanzamientos están llenos de rabia contra esa gente que los ha vendido por unos miles de millones de euros. Continúan las piedras. Continúan los gases.También hay explosiones, algunas bastante cerca. No miran a donde disparan.En cierto momento, la dinámica de tapar el gas es mejorada. Ahora las agarran y se las devuelven a sus legítimos dueños. A este lado de la valla estallan los aplausos y los gritos de alegría. Es terrible lo que está pasando. En la zona de batalla, hay familias enteras. Todo este panorama no es una manifestación de encapuchados. Gran parte de la gente que está en esto son familias con niñxs. Entre gases lacrimógenos y explosiones encontramos a niñxs que no paran de llorar. También los hay incapaces de llorar; paralizados. Estas familias cargan sus pertenencias. Estan paradas en mitad de un campo enorme, muy verde, donde lo único que pueden ver son militares, vallas metálicas, humo, explosiones, gente corriendo, heridos…  Y todo esto dura eternamente. El enfrentamiento se vuelve cada vez más violento. Lxs voluntarios jugamos un papel complejo. Esta “no” es nuestra batalla. Algunos participan, pero la inmensa mayoría documentamos lo que está pasando. Asistimos a los heridos, que son muchísimos. Nos sumamos a las tareas de apaciguar el gas lacrimógeno con mantas. Sacamos niñxs de allí. En todo momento tratamos de ser útiles. Entre nosotrxs mismxs nos apoyamos. Mucha gente no es capaz de soportarlo. Muchísima impotencia. No sabemos qué hacer. La batalla no va a ningún sitio. Cada vez son más los heridos. Sacamos a muchos hombres heridos. Algunos por balas de goma, otros por caídas. La inmensa mayoría demasiado expuestos al gas. Las piedras siguen. Un grupo importante trata de parar las pedradas. A la mayoría de lanzadores de piedras los retiran del lugar algunos grupos de refugiados. Se gritan entre sí. Entendemos que están muy concienciados con la no violencia activa y no quieren elementos que justifiquen la violencia contra las personas (pues tienen muy claro la diferencia entre atacar personas y atacar las vallas). Tras unas horas de batalla sin tregua, de un bucle casi infinito de gases, explosiones, carreras, mantas, heridos, cuidados… decidimos ir con lxs compañerxs del hospital a ver qué tal andan allí. Queremos encontrar almax, que diluído en agua, es muy útil en estas situaciones. Nos juntamos con una gente preciosa de Vic y corremos. Lo único que encontramos es gente repartiendo limones y cocacola para paliar los estragos que está causando el maldito gas. No sabemos hasta qué punto son útiles estos elementos, pero toda la gente está usándolos. Continuamos la búsqueda del almax cuando en cierto momento tanto gas se hace insoportable y nos imposibilita continuar. El escozor es insoportable. No sabemos si duelen más los ojos abiertos o cerrados. El zumbido de tu propio cráneo tratando de aguantar es terrible. Estamos relativamente fuera de la zona de conflicto, en la periferia, donde la gente “mira”, donde están las enfermeras, donde también encontramos bomberos. Abrir los ojos es imposible. Tenerlos cerrados insoportable. Manos amigas nos ayudan, nos acompañan los metros que nos separan de una sombra donde pueden echarnos una mano. Oímos voces que nos llaman por nuestros nombres, nos dan agua, nos cuidan. No nos pasa nada en realidad, solamente escuece. Pero escuece mucho. Es cuestión de minutos sacarlo todo. Cuando empezamos a poder abrir los ojos, estmos rodeados de mujeres con niños que nos ayudan. Al fondo el equipazo del campamento sanitario nos sonríe. No pasa absolutamente nada. La gente huye de la guerra. Esto es una broma; cuatro lagruimillas, un picor, y a volar.

En la zona donde tenemos el hospitalito de campaña, la carpa de lactancia y la tienda de lavado de bebés el caos es importante. No paran de llegar los heridos más afectados. Los que no pueden ser atendidos por lxs compañerxs que están más cerca de la frontera, lxs que ofrecen la asistencia más rápida. Llegan chicos con esguinces, con la cara ensangrentada, con problemas en los ojos. De todo. Es un no parar de emergencias. Se dan situaciones bastante complejas; la mayoría del equipo ha llegado hoy mismo. Para mucho personal su primer contacto con el campo, con el curro que allí se está haciendo, es ese justo momento. No nos sabemos ni nuestros nombres. Algunxs ni conocen a nuestrxs compañerxs refugiadxs que trabajan con el equipo. Mucha gente entra y sale. Muchas carreras. Algún ataque de ansiedad, o de pánico.

A lo lejos gente llega corriendo avisando de un parto inminente. Rápidamente acondicionamos la carpa de lavado de bebés, en ese momento cerrada, para poder actuar allí. Muy eficaz el equipo. En segundos ya está “listo”. Al momento de llegar esta chica, llega otra. Dos partos. No nos lo podemos creer. Una compañera enfermera se tiene que convertir en matrona, la nuestra tuvo que marchar el día anterior. Por cierto, hay una niña en camino en el campamento a la que le van a poner el nombre de esta compañera matrona (estas son las cosas que pasan aquí…). Tras algunas comprobaciones, nos piden que alcancemos al hospital más cercano a las dos chicas. A ello vamos. No sin antes los clásicos momentos de confusión entre quienes no hablamos un ápice del idioma del otro. Lalin, una chica siria de 13 años que trabaja muchísimo con nuestro equipo traduciendo salva la situación. Nos vamos al hospital finalmente con una de las dos chicas, la otra no lo necesita aún. Su marido no viene, vendrá su cuñada. Nos agarramos, y lxs tres nos vamos con esta chica y su cuñada al hospital. Pero antes tendremos que cruzar todo el campamento. El campamento en el que se está llevando a cabo una batalla importante. El campamento en el que llueve gas lacrimógeno. Vamos con una chica a punto de parir. Su calma es impresionante. Es su primer hijo, tiene veintidos años, y ahí está, en un campo de refugiados que está siendo bombardeado con gases, balas de goma, explosivos…

Ya en el coche arrancamos lo más rápido posible para huir del agobio del gas, que está presente en un perímetro demasiado grande. Veintitantos kilómetros nos separan de Polikastro, el pueblo al que vamos a llevar a la chica. Vamos lo más rápido posible. Por la autovía que vamos nos cruzamos bastantes ambulancias. La situación es muy calmada. Tratamos de hablar lo que podemos con ellas, que están mucho más tranquilas de lo que podemos creernos. Oímos algo de musica tranquila. Estamos bien. Ella está bien. Y no sin perdernos un poco por el pueblo, lo cual suma algo de tensión a la historia, llegamos a un pequeño centro de salud. Bastante lejos de nuestra idea de llevarla a un hospital. Dentro nos dicen que deberíamos llevarla al hospital de Kilkis, que es más grande y que allí no tienen ginecología. Tratamos de explicarle como buenamente podemos al doctor que una situación de este tipo debería ser gestionada por una ambulancia. Nosotrxs no somos sanitarixs. Así que finalmente se la llevan en ambulancia. Nos quedamos preocupados, aunque hemos hablado con el señor del tema, no sabemos. Él dice que cuando todo acabe, la llevarán de vuelta a Idomeni, lo cual no deja de ser surrealista.

Tras esto nos vamos al almacen de farmacia que tenemos en el pueblo, a por material. Nos ayudan a recopilar material un grupo de catalanas que están ayudando en el campamento de EKO (la gasolinera abandonada en la autovía donde hay unas dos mil personas en “mejores” condiciones que en Idomeni). Cuando tenemos todo lo que nos han encargado, volvemos para el campamento, previa parada por el almacén general, que tenemos que llevarles zapatos y ropa a algunas familias.

La entrada otra vez al campamento es complicada. Sentimos un sabor extraño en el aire. Ahora no es gas lacrimógeno. Estamos bastante lejos, pero el aire ahora sopla diferente. No huele a lacrimógeno. Tampoco se ve color. Pero la lengua nos pica. Rápidamente nos tapamos la nariz y la boca. Nos cruzamos con Victor, un chico que lleva aquí dos meses y está haciendo un curro fantástico y al que todo el mundo aquí conoce. Independiete. Un grande. Nos cuenta que se ha ido de las manos todo. Que ahora quedan muy pocos pelando, pero que hay niños. Están gaseando algo nuevo, incoloro. Nos suena a gas pimienta, que es también muy molesto. Puede que sea más insoportable aún. Aparcamos el coche, sacamos las cajas con medicamentos y ropa, y vamos rápido hacia nuestro sitio. Hemos dejado el coche en la carretera que está entre las enormes carpas de MSF y el campo de batalla. Cae una bomba de gas a 20 metros de nosotrxs. Terrible. Nos cuesta continuar, pero el aire que ahorra corre se lo lleva. Eso antes no pasaba. Empieza a llover, y eso es muy bueno. Con aire y lluvia el gas pierde un poco de su potencia. Camino del hospital les dejamos unos botes con suero a las enfermeras que están ahí. Una vez allí todo sigue igual. La sala de espera (unos banquitos hechos de palés y unos toldos de plástico azul, todo muy 15M), repleta de familias esperando, niños corriendo, jugando. Parece que vuelve todo a la normalidad, dentro de la excepción del día de hoy. La carga de trabajo ha sido tremenda. Nadie ha podido ni comer.

Hacemos un par de cositas, y nos vamos. Son casi las siete de la tarde. Los bombazos continúan. Ahora apenas queda gente aguantando. Hay un chico agazapado en lo alto de uno de los pilotes de la verja. Diez metros más allá, el metal ya no existe. Han conseguido romper la valla. Ahora son muchos militares macedonios la frontera. Ahora hay cinco tanques que se suman al que ya existía allí. Y ahora visten de azul. Es otro cuerpo el que actúa. Se les ve que portan armas de otro tipo, más peliculeras. Hay algunos de ellos subidos encima de los tanques, muy peliculero también. La estampa es rara. Apenas queda gente plantándoles cara, pero tiran más bombas de gas que antes. Estamos totalmente agotados y sentimos la necesidad de compartir esto (texto y fotos). Duele irse, pero nos vamos.

La gente ve muy positivo lo que está pasando. Nosotrxs no sabemos qué pensar. La solución probablemente no esté aquí, pero es cierto que la intensidad del enfrentamiento es tal, que puede suponer algo de presión. Igual sirve para que no se deje de hablar de esto en los medios. Igual en Europa por fín nos damos cuenta de lo insostenible de la situación. Esta gente está dispuesta a todo. Y no quieren saber que detrás de esa frontera hay muchas más fronteras peores incluso que esta. Dicen que unos metros más atrás, hay policías de diversos países europeos que están colaborando con la policía de Fyrom (como llaman a Macedonia aquí).

Estamos bien. Estamos perfectamente. Agotadxs, pero muy bien. No nos hemos expuesto a ningún peligro importante (por si alguien se preocupa). La situación en sí es extrema. Lo de hoy es solo una “anécdota”. Lo gordo se está cociendo en otros lugares. Miremos la frontera en Kobani. Miremos el trato a refugiadxs dentro de Fyrom o de Serbia. Incluso en Francia. Los gobiernos. Los movimientos racistas que se están alimentando de todo esto. Hay doscientas mujeres embarazadas de más de ocho meses aquí en Idomeni. Y el resto, muchísimas embarazadas también. El próximo mes nacerán unas doscientas personas. Hay que hacer algo. Hoy, dicen, ha muerto un bebé de siete meses en los disturbios de hoy. No sabemos qué pensar, ni qué decir.

 

En breve estaremos de vuelta. Estamos pensando muchas cosas. Queremos volver, queremos tirar de algún proyecto un poco más serio. Dudamos qué hacer, sí guardar algo de las donaciones para algo más importante dentro de poco, si gastarlo todo ahora…  Parece que hoy no es el día de pensar en esto.

 

Buenas noches  🙂

 

PD: Disculpen faltas de ortografía y diversos atentados contra la lengua. Hemos vomitado esto un poco, y no tenemos tiempo para andar corrigiendo nada.

Idomeni camp, Grecia.

 

 

 

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Han sido momentos intensos. Desde la última vez que escribimos algo, han pasado muchas cosas. Tantísimas ni las mencionaremos; es imposible. Ahora mismo hay un trozo de la valla que está reventado. Nosotrxs estamos también un poco desubicadxs. En estos días se nos han ido de vuelta compañerxs muy queridxs. Marta, Carmen, Albert, Oscar, Nikos… compas de lxs que levantaron todo este proyecto tan bonito, han tenido que despedirse de lxs que aquí quedamos. Intentaremos mantener el espíritu del proyecto. Mucha gente nueva llega, esperemos que la confianza, la autogestión, la cooperación, el curro desde el cariño y todo lo que aquí se está dando continúe.

Ayer volvió la lluvia. El campo de Idomeni se volvió a converitr en ese infierno fangoso que vimos por la tele hace unas semanas. Tiendas rotas. Toldos volándose. Niñxs descalzxs. Partidillos de fútbol que al segundo toque todos íbamos al suelo. Esta gente no se para por una minucia. Huyen del horror. Nosotrxs intentamos adaptarnos y aprender a vivir con el frío, la lluvia, el fango, la suciedad… No es fácil, pero terminas riendo con ellxs con las caídas. Y al final, eres el único con chubasquero, aunque un británico andaba por ahí fabricando con bolsas de basura unos ponchos de lo más monos para la juventud. Muy simpáticxs lxs niñxs. Y la noche fué muy brumosa. Una niebla terrible, aunque muy bonita. Apenas veías la siguiente tienda, y los focos generaban zonas espesas de luz autorreferente. Echamos unas manillas ahí donde hizo falta, cavamos, montamos tiendas, hicimos portes… y finalmente, al irnos, uno de los nuestros terminó apalabrando con varias familias el traerles unas tiendas nuevas desde el almacén (que está en polikastro, el pueblo donde se quedan muchos voluntarios, donde solemos ir a comer y a relajar la mente). Y allí no quedaban ayer tiendas de campaña. Se te parte el alma saber que hay gente esperándote para dormir sin mojarse, que les has dicho que lo intentarías, pero que no puedes ayudarles. No pudimos evitarles otra penuria a esta gente. Esas cosas pesan. Y mientras nosotrxs en el coche sin mojarnos (aunque ya veníamos empapadxs!), y sabiendo que tenemos cobijo. En fin, hacemos lo que podemos.

Pasan cosas muy bonitas también. Las sonrisas no paran. Pese a todo, esto es una alegría detrás de otra. Tanto con los bomberos, como con lxs sanitarixs, como con lxs voluntarixs, y por supuesto con lxs refugiadxs. Es difícil explicar algunas cosas.

 

Un abrazo enorme a lxs compis que se nos han ido, pero que pronto veremos más por aquí que por allí 😉

 

 

Hemos encontrado un lugar con ordenadores en el pueblo. Teclado griego, disculpad por las tildes (y la prisa al escribir).

 

Acabamos de hacer una comprita de 260 euros en medicamentos que necesitamos para la asistencia en el campamento. Tambien hemos comprado algunas cosas necesarias para algunas familias; cosas de menaje, bateria de movil, multiplicadores, etc. Estamos intentando resetearle el telefono a una chica siria, que la marca que compro no tiene arabe, y hemos encontrado un tipo que es capaz de hacerlo funcionar.

Las necesidades son de lo mas variopintas. Comida o ropa no son la mayor necesidad ahora mismo. Los almacenes estan repletos de ropa, y de comida hay bastante gente en eso. Hace mucha falta la asistencia medica. Seria muy bonito poder coordinar sanitarixs con la gente que esta aqui currando. Son enormes, pero poco numerosxs. Medico ahora mismo tenemos solo uno, un R4 que es un amor (y hoy cumple 29 primaveras). Tambien hay algunas enfermeras, una matrona, y gentes diversas que hacemos las veces de paramedicos, portacamillas o lo que sea necesario. Pero la cuestion sanitaria, la presencia de gente preparada, es muy necesaria.

Anoche, una vez cerrada nuestra carpa (a las 8 se supone que cierra), se dieron algunas emergencias. Bastantes ataques de ansiedad, la gente esta muy desesperada. Nervios a flor de piel. Las mujeres sufren muchisimo. En ocasiones el miedo a sus propios maridos les lleva a situaciones extremas. Es muy complejo intervenir en esas situaciones. Tambien ayer se dieron momentos de tension en la barricada policial que corta la zona de la entrada a Macedonia. Nada importante. Un chico de otra etnia, al parecer, robo una serie de telefonos moviles en las zonas de carga que hay, y bueno, esto termino generando que bastantes personas en la valla increparan al chico (protegido por la policia). Conseguimos mediar con los antidisturbios griegos, que no comprendian la situacion, y pudimos traducirles lo que nos comentaban los implicados, y todo se relajo bastante. Es impresionante lo fragil que es la calma. Cualquier minimo detalle puede hacer estallar a la gente. Muchisima desesperacion.

Queremos compartir fotografias, pero no llega bien el wifi, y en el cibercafe este que hemos encontrado no tienen lector de tarjeta. Pero estamos en ello. Ademas, el telefono desde el que escribimos ayer (el de Angel), se ha roto. A ver si podemos utilizar el numero griego que tenemos en los otros terminales. Jose esta ahora mismo abriendo una carpeta nueva en su Flickr personal para poder mostrar las fotos:

Idomeni camp, Grecia.

Ahora estamos intentando dinamizar un proyectito de comunicacion para concienciar a la gente con el uso del fuego. Aqui todo el tiempo hay hogeras. Y en esas hogueras se quema de todo menos madera. Queman las mantas, queman ropa. Sobre todo queman plasticos. El olor es insoportable. El humo es muy muy toxico. La gente esta enfermando mucho por ese motivo. Cocinan sobre esos fuegos. La inmensa mayoria se esta envenenando poco a poco. Lxs propixs voluntarixs estamos teniendo problemas respiratorios tambien. Hoy estamos aqui coordinandonos con compas malaguitas para que nos ayuden a generar unos papeles informativos en los que explicar esto. Queremos tambien complementar esto con reparto de troncos de madera, que aqui no es facil de conseguir. Tambien, desde Malaga, se van a encargar de hacer unos cartelitos informativos de la zona donde estamos currando, para poder distribuirla por zonas mas deprimidas del campamento, que las hay. Ya tenemos la carpa de asistencia medica, una zona de lactancia y maternidad, y hoy las chicas de la zona de cuidado de bebes se juntan con una gran carpa que han montado lxs compis del norte. Tres espacios sanitarios bastante importantes. Muchisima gente acuda antes a este sitio que a MSF. Es muy bonito ver como lxs propixs refugiadxs trabajan, traducen, se organizan con nosotrxs…

 

Gracias por todo. Nosotrxs cada dia con mas animo.

Seguiremos informando ”

 

Primeras impresiones

 

Ya estamos en Idomeni. Los primeros dos días los pasamos en Atenas tratando de encontrar coche, haciendo contactos con colectivos e intentando comprender lo mejor posible la complejísima situación actual de aquí; muchas conversaciones interesantes sobre la situación de las personas refugiadas, la gestión del gobierno griego, la realidad en las calles de la propia Atenas…
Para el martes conseguimos, al fin, un coche de alquiler (elemento básico para currar en el campamento) y partimos hacia el norte. Unos 500 km que entre una cosa y otra (por ejemplo, una entrevista de trabajo vía Skype de Macu) tardamos unas 9 horas. Las carreteras griegas son curiosas. Paradójicamente pasamos más peajes que yacimientos arqueológicos.
A la noche llegamos a Polikastro, pueblo ¨base¨ de la mayoría de lxs voluntarixs. Nuestro aterrizaje a esta zona fue bastante shock, todo hay que decirlo. Veníamos de muchas horas de coche, entre amigxs, entre risas, y, de algún modo, tratando de evitar pensar en aquello a lo que nos íbamos a enfrentar. Y en ese contexto, a lo lejos, rompiendo la oscuridad del entorno, una luz azul de policía nos recuerda dónde estamos y nos obliga a salir de la carretera, ocupada por un mar de tiendas de campaña. La oscuridad era casi absoluta, los faros de los coches y algún foco de la gasolinera EKO abandonada que sirve de campamento improvisado para unas 3000 personas, son la única forma de hacernos una referencia visual de lo que tenemos delante. Están acampados en una estación de servicio, en el bosquecito que hay detrás, y un grupo de personas bastante numeroso mantiene ocupada la ruta. La estampa es bastante demoledora, una especie de escena de película de terror. De hecho, la sensación, en cierto modo, es de terror. Sabemos que no corremos peligro nosotrxs, pero sentimos cierto miedo difícil de expresar. El silencio más allá del ruido del motor solo lo rompen llantos, crujidos… Un antes y un después. Somos otras personas en ese momento. Sentimos que entramos en el infierno. Lágrimas contenidas (y sin contener). Quizá no conocíamos el terror más allá de las pelis.
Seguimos conduciendo los kilómetros siguientes en silencio, bastante afectadxs, hasta llegar a Park Hotel, un hotelito que hace las veces de campamento base de muchxs voluntarixs de todo el mundo que acuden de forma independiente (por cierto, desde la llegada de voluntarixs, han subido sus precios)  Finalmente, tras comer algo en el pueblo, y charlar con alguna gente allí, intentamos dormirnos. Hacemos noche dentro del coche.
A la mañana siguiente, nos despertamos bien tempranito,  y después de hacer algunas gestiones en el pueblo, aún algo perdidxs, arrancamos hacia Idomeni, la zona fronteriza donde, al parecer, hay unas 12000 personas. Ya íbamos mentalizadxs después de las charlas con la gente en Park Hotel. Así que llegamos al campamento ilegal de refugiadxs de Idomeni. Lo primero que nos encontramos al llegar es una extraña sensación de calma. Llegamos a un lugar donde el tiempo corre de otra manera (cosa significativa en la propia Grecia). Tras atravesar algunos caminos llenos de gente que camina como perdida, donde gente vende desde tabaco hasta peines, la policía nos impide continuar el camino; muy amablemente nos dicen que no podemos meter el coche. Aparcamos a escasos metros, y emprendemos el camino adentrándonos sin saber muy bien a qué vamos ni si seremos de utilidad (por lo visto es lo normal el primer día). Y nada más entrar, si es que puede haber un entrar, ya que el esparcimiento de las tiendas de campaña es tremendo, empezamos a darnos cuenta de verdad de que la cantidad de niñxs es impresionante. Con la primera madre que trata de acarrear bultos, alguna silla y a un par de hijxs, Macu se va a echarles una mano, y empieza su propio periplo de curro con niñxs. Necesitan algo, a veces un jugueteo, a veces un abrazo, pero siempre tienen una sonrisa.
Los otros dos del equipo continuamos el camino sin la energía de la compañera, pero al menos estamos acompañados. No paramos de ver situaciones extremas. Inexplicables. Enormes carpas blancas, de esas de ferias o stands, llenas de gente. Repletas. No entendemos bien qué pasa ahí. Dentro hay literas, pequeñas literas, muy pequeñas y muy bajitas, repletas de mantas, de enseres personales… Algunas de esas carpas llevan las siglas de MSF (médicos sin fronteras), otras simplemente tienen grafitis improvisados. Y como esas, muchas. No podemos evitar encontrar semejanza con las imágenes de los campos de concentración alemanes. Continuamos el paseo de reconocimiento. Cruzamos las vías del tren, las famosas vías. Justo en esa zona, donde las vías entran en otro país, un par de autobuses de policía griega (lo que en nuestra tierra son lecheras de antidisturbios, aquí son autobuses) cortan el paso a los últimos 50 metros de vías griegas. Ahí está la valla. Parece nueva, aún brilla. Y las concertinas, que no son pocas, nos recuerdan que el negocio de la guerra está cerca, concretamente en Málaga se están fabricando estos dispositivos del terror. Continuamos caminando. Echamos algunas fotos. Más megacarpas, ahora algunas tienen el logotipo del alto comisionado de las naciones unidas para las personas refugiadas, organismo ausente en el terreno, únicamente hay carpas con su logo. Es un campamento ilegal, este tipo de organización solo acude a campos oficiales. Vemos espacios de reparto de comida terribles a simple vista. La gente tiene que esperar en pasillos estrechos hechos de vaya metálica de metro y medio de altura. Nunca habíamos visto algo así. Acabamos de llegar y seguimos bastante sensibles con el hacinamiento y el trato de rebaño al que está sometida la gente. En un claro, un señor griego nos saca la primera sonrisa. Es un payaso itinerante que monta su espectáculo en cualquier rinconcito del campamento. Unxs 30 niñxs, y otrxs no tan niñxs, no paran de reir. El tipo es genial. Consigue que lxs adultos interactúen y se rían. Lxs niñxs flipan. En cierto momento encontramos la carpa de una gente que habíamos conocido la noche anterior. Un grupo de gente sanitaria, bomberos, afines, voluntarixs… Tienen un proyecto fantástico. Así, muy por encimilla, la gente de Bomberos en Acción aporta cierta logística, carpa, toldos, conocimiento y fuerza, y lxs sanitarixs, en esta carpa ofrecen asistencia médica. Hay una furgo a la entrada del campamento que hace también asistencia médica (bajo una pancarta que enuncia que Europa es el próximo infierno).Junto con esta gente de la furgo, el grupo de españolxs son lxs únicxs que ofrecen asistencia de este tipo. En las carpas de MSF, según tenemos entendido, únicamente hay camas, no asisten. Dicen que por esa zona hay un espacio de asistencia médica a familias. No lo hemos visto. Este grupo con el que nos acabamos de juntar no para de crecer y mutar. Nosotrxs somos tres que nos sumamos. También llegan seis catalanxs y cinco vascxs que se acercan a currar en común. Rápidamente nos damos cuenta de cómo funcionan aquí las cosas, cómo se construyen estos proyectos; relaciones cooperativas. De repente estamos con un grupo de gente que está levantando un proyecto increíble. Al momento estamos cavando zanjas, moviendo cosas, aportando. Este grupo trabaja con las personas refugiadas. Mohamed (que me perdonen si no se escribirlo bien) es ingeniero informático y hacia trabajos para Microsoft. Ahora nos quita las herramientas de las manos para cavar él. No para de trabajar. Hay mucha gente que colabora con nosotrxs (llega un momento en el que te sale utilizar la primera persona del plural).Hay gente que traduce, gente que hecha manos en curros físicos, gente que hace las veces de recepcionista. Más tarde damos más vueltas, conocemos más gente. Ya nos conocemos el campamento. Hay una zona muy dura, la zona de la estación nueva. Son sobradamente conocidas esas fotografías. La zona con tiendas sobre los arcenes, con techos altos de aspecto postapocalíptico (en realidad, todo tiene esa impronta). Echamos unos tiritos a puerta con unos chavales que tienen pelota. Hay un par de porterías que más tarde estarán llenas de futboleros. Descubrimos, gracias al equipazo con el que estamos, una ruta alternativa sin controles policiales para poder acceder al campamento con el coche.  Nos venimos arriba y arreglamos el camino y montamos una especie de rampa para que los vehículos puedan entrar sin dejarse los bajos en el intento. Una vez más, nos quitan de las manos las herramientas dos personas que huyen de Afganistán. Nos entendemos. Curran genial. Echamos más risas, unas poquitas de pompas en las manos, y listo. Es muy gratificante hacer cosas útiles aquí, y además toda la gente te presenta a sus hijxs, a sus familiares. Imposible recordar nombres. Pero es parte de la historia. Son momentos de risas. El humor es un arma infalible, y a nosotrxs nos sobra. Al final nos descubrimos en otro flow total. Estamos a gusto, estamos contentxs. Te haces a la situación, la verdad. Y de buena onda se curra mucho mejor, se conoce mejor a la gente, aportas con mucha más energía. Alex, un bombero de Leganés, lo tiene claro, dice que si no vienes a eso, mejor no venir. En el infierno hay que reír. Las tristezas, en casita. Y de verdad  parece ser la única forma de sobrevivir aquí. La gente está deseando hacer algo. Una manilla en algún currete, unas risas con alguien, unos toques de balón. Un motivo para no estar sentado en una tienda de campaña mirando al otro lado de la valla, donde por cierto, hay un enorme casino lleno de luz que no para de recordar lo injusto de la situación.
En fin, igual nos estamos pasando con tanto texto, pero aquí cada minuto es una vida entera, para lo bueno y para lo malo. Quien lleva aquí tres semanas es todo un veterano. Dos días son una eternidad, te aclimatas rápido. Nosotrxs ahora estamos durmiendo en el hospitalito de campaña de lxs compañerxs. Ellxs tienen un piso  alquilado en un pueblo cercano para poder ducharse, descansar, desconectar… Eso es importante. También somos útiles haciendo de seguratillas dormitantes, que estamos hasta arriba de medicamentos y material, y está bien cuidar la seguridad.
Ahora iremos con un camión de lxs compas euskaldunes a los hangares nuevos de Polikastro a por material para bebé. La gente necesita carritos, portabebés, alimentación para las criaturas. Ah, por cierto, también están(mos) montando un centro de lactancia y maternidad en una tienda justo al ladito de la carpa de bomberos. Unas chicas que tienen bajo una carpa de ACNUR una zona con bañeritas y lavan bebés comentan que desde Elche quieren enviar material o dinero para comprar material, y poder montar una carpa de esas grandes, con suelito, ventilación y demás. Como te descuides, aquí pasa de todo, las redes crecen, y rápidamente se monta lo que sea. Detrás de muchas personas que estamos aquí, hay muchísimas otras más sosteniendo eso. Imposible de otra manera. Los hangares están permanentemente recibiendo material de todas partes del mundo. Los camiones no paran de llegar.
Bueno, esperemos que al subir este textito, la conexión nos permita subir también alguna foto.

Estamos super animadxs, lxs tres (¡o los treinta!). Aunque esto debe ser lo más parecido al infierno. No solo por las condiciones, sino por los motivos por los que toda esta gente se ha visto obligada a huir y tener que enfrentarse a esto.
Gracias por estar ahí, por leernos, y por el apoyo. Ya van unos 3500 euros en la cuenta, que no es poco. Ya hemos comprado alguna cosita, y en los próximos días haremos las aportaciones que sean necesarias con lxs compas que tan buen currazo están pegándose aquí.
Estamos en contacto,

Macu, Jose y Ángel.

 
PD: Intentamos expresar nuestra experiencia lo más sinceramente posible.Todo esto es bastante complejo. Esperamos que nadie se sienta ofendido por nuestras palabr

Zaragoza

Hoy partimos hacia Barcelona. Esta madrugada llegaremos al aeropuerto del Prat para despegar a las 7am en dirección Atenas.

Ahora mismo estamos en Zaragoza, compartiendo experiencias con gentes diversas, pero muy cercanos al CSC Luis Buñuel (precioso proyecto). Entre otras cosas, hemos estado con la asamblea del grupo “Ayuda a refugiados en Zaragoza”, un grupo de gente muy diversa que están llevando a cabo una labor muy potente. Es un gustazo poder compartir ratos con gente así. Esperamos ser de utilidad y volver a encontrarnos. Salam!

También queríamos comentar por aquí las novedades económicas en la cuenta donde tanta gente está haciendo aportaciones. Y es que a dia de hoy (2 de abril) en la cuenta hay 2545 €, lo cual es fantástico. No esperábamos recaudar tanto cuando empezamos con esto, y además sabemos que aún queda mucha gente conocida por aportar.

El anonimato de las aportaciones es algo que vamos a respetar, pero creemos que es una cuestión a resaltar el hecho de que un grupo de mujeres bastante numeroso lleve unos meses haciendo ayunos por turnos para ahorrar dinero y destinarlo a aportaciones solidarias para así apoyar a las personas refugiadas. A nosotros estas historias nos animan de verdad.

Por otro orden de cosas, comentar también que se nos ha unido a la expedición una nueva compañera. Ella aterriza en Atenas el domingo también, y vamos a compartir el periplo ahora las tres juntas. Una gran alegría contar con Macu.

 

El próximo mensaje lo haremos desde Grecia. Esperamos poder encontrar en algún momento conexión a internet para compartir nuestra experiencia con toda la gente que le interese y nos lea.

 

Gracias por todo,

Ángel y Jose